Una de las características del reciente Festival de Cosquín fue la escasa presencia de artistas tucumanos en el escenario mayor. Sin embargo, los artistas de nuestra provincia desarrollaron una fuerte actividad en plazas y peñas, hasta el punto que Héctor Saleme logró habilitar un reducto propio en la confitería Imperial, de propiedad de Lea Salazar, ubicada en el centro de esa ciudad y sobre una calle peatonal.

“Me invitaron a armar una peña y les propuse distinguirnos de las demás con un muy buen trato a los artistas y así empezó. El objetivo principal es que Tucumán esté siempre en este festival con un lugar asegurado con tiempo prudente para desplegar su arte, porque es el más importante encuentro folclórico de todos. En muchos lados te dejan cantar sólo dos temas y no te convidan ni agua”, destacó el cantante.